Pestañas

6º domingo de Tiempo Ordinario– Año C

Las Bienaventuranzas: Una Buena Noticia
P. Fernando Armellini

Introducción
          Quién tiene dinero para invertir, no confía en el primer lanzamiento de ventas que está en la calle. Solicita información, busca el asesoramiento de algunos expertos en economía, comprueba qué acciones están caídas y cuáles están aumentando, lo que da mayor fiabilidad y cuáles están a la venta. Sólo al final, después de una cuidadosa consideración de los riesgos, elige qué comprar.

3 Domingo de Tiempo Ordinario – Año C


Tu palabra: Alegría de mi corazón, luz para mis pasos
Fernando Armellini

Introducción

El Dios de Israel “lo dijo y existió” (Sal 33,9). Los ídolos Tienen boca, pero no hablan” (sal 115,5). Por esto son incapaces de socorrer, de proteger, de realizar prodigios.
           Las palabras del hombre pueden ser “discursos vacíos” (Job 16,3), la de Dios es, por el contrario, “viva y eficaz” (Heb 4,12). Es como la lluvia y la nieve que descienden del cielo y no regresan sin haber regado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar (cf. Is 55,10).
           No actúa de modo mágico, sin embargo, está dotada de una energía irresistible y, cuando cae en un terreno fértil, cuando viene escuchada con fe, produce efectos extraordinarios: “¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!” (Lc 11,28).
          El lugar privilegiado para esta escucha es el encuentro comunitario.

2º Domingo en Tiempo Ordinario – Año C

Amarte es una fiesta
P. Fernando Armellini
Boda en Caná de Galilea Juan 2,1-12


Introducción

          Una de las características de las religiones paganas era el miedo a la divinidad, miedo que se intentaba exorcizar mediante la observancia meticulosa de prácticas, tabúes, ritos purificatorios. Pablo llama “cárcel” a esta época en que las personas eran esclavas de los “elementos del mundo”, se fiaban de “poderes débiles e indigentes” (cf. Gal 4,3-9). 

Bautismo del Señor


"Este es mi Hijo..."
P. Fernando Armellini

           Introducción
           Los lugares bíblicos tienen con frecuencia un significado teológico. El mar, el monte, el desierto, la Galilea de las naciones, Samaria, las tierras al otro lado del lago de Genezareth son mucho más que simples indicaciones geográficas (a menudo ni siquiera exactas).
           Lucas no especifica el lugar del bautismo de Jesús; Juan, sin embargo, lo especifica: “tuvo lugar en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando” (Jn 1,28). La tradición ha localizado justamente el episodio en Betábara, el vado por el que también el pueblo de Israel, guiado por Josué, atravesó el río, entrando en la Tierra Prometida. En el gesto de Jesús se hacen presentes el recuerdo explícito del paso de la esclavitud a la libertad y el comienzo de un nuevo éxodo hacia la Tierra Prometida. Betábara tiene otra particularidad menos evidente pero igualmente significativa: los geólogos aseguran que este es el punto más bajo de la tierra (400 m bajo el nivel del mar).
           La elección de comenzar precisamente aquí la vida pública, no puede ser simple casualidad. Jesús, venido de las alturas del cielo para liberar a los hombres, ha descendido hasta el abismo más profundo con el fin de demostrar que quiere la salvación de todos, aun de los más depravados, aun de aquellos a quienes la culpa y el pecado han arrastrado a una vorágine de la que nadie imagina que se pueda salir. Dios no olvida ni abandona a ninguno de sus hijos.

Sagrada Familia


¿Porqué me buscábais?
José Antonio Pagola
Lc 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Cuarto Domingo de Adviento


Ricos de su pobreza
P. Fernando Armellini

          Introducción
          “Respóndeme, porque soy pobre” (Sal 86,1), así reza el salmista. Sorprende el argumento que usa con el fin de convencer a Dios para que intervenga en su favor: soy pobre. Para obtener acceso a los palacios de los reyes, de los mandatarios de este mundo, se necesitan recomendaciones sólidas, títulos meritorios, credenciales de peso. Con Dios no es así: el único certificado necesario para ser recibido en audiencia es “ser pobre”.

Tercer Domingo de Adviento

Alegría: un regalo a recibir
Fernando Armellini

Introducción
           ¿Qué le pide el hombre a la vida sino la felicidad? Pero, ¿cómo alcanzar la felicidad? ¿Son suficientes la riqueza, la buena salud, el éxito? ¿Quién puede ser considerado realmente feliz?

Segundo Domingo de Adviento

 Te llamaré con nombre nuevo  
Fernando Armellini

  
Evangelio: Lucas 3,1-6

 En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías:

Primer Domingo de Adviento

Los verdaderos profetas infunden esperanza
P. Fernando Armellini
Lucas 21,25-28.34-36


Introducción

          Caerse de brazos, ceder ante el poder abrumador del pecado que domina en el mundo y en nosotros es una tentación peligrosa.
          Son profetas de mal agüero los que repiten: “No vale la pena comprometerse, nada va a cambiar”; “no hay nada que hacer, el mal es demasiado fuerte”; “el hambre, las guerras, la injusticia, el odio siempre existirán”.

34 Domingo en Tiempo Ordinario



Cristo Rey
El triunfo de los vencidos
P. Fernando Armellini

Introducción

         “Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mando azotar. Y los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con un manto rojo, y acercándose a él, le decían: ¡Salud, Rey de los Judíos! Y le pegaban en la cara” (Jn 19,1-3).

33 Domingo en Tiempo Ordinario

A invierno más duro, más fructífera la nueva estación
P. Fernando Armellini


Introducción

         Estamos asistiendo en nuestro mundo de hoy a constantes progresos científicos y tecnológicos, al aumento de la sensibilidad hacia valores más altos, pero nos producen consternación y profundo malestar las injusticias planetarias, las guerras, los bruscos vaivenes políticos, económicos y sociales. Colapsan ideologías consideradas inmunes al paso del tiempo, vienen a menos las certezas, desaparecen de escena personalidades de la política, caen en el olvido atletas y estrellas del espectáculo tan pronto como se apagan los reflectores y las cámaras que los enfocaban. Todo es discutible. Incluso los dogmas son revisados y reinterpretados; ciertas prácticas religiosas que parecían indispensables e insustituibles, se revelan viejas y gastadas, su tiempo pasó y han sido abandonadas.

        

32 Domingo del Tiempo Ordinario

¿Cuánto vale el reino de los cielos?
P. Fernando Armellini
Marcos 12,38-44


Introducción

Son frecuentes las exhortaciones de la Biblia a la limosna: “El honrado da sin tacañerías” (Prov 21,26); “Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Da de limosna cuanto te sobre y no seas tacaño en tus limosnas” (Tb 4,16).

31 Domingo del Tiempo Ordinario

¿Se puede controlar al corazón?
P. Fernando Armellini
    Marcos 12, 28-34

Introducción

El faraón era el amado del dios Ra. Desde los tiempos más remotos, el dios Ra motivaba sus intervenciones a favor del soberano con la fórmula: “Por el amor que te tengo”.

El Dios de Israel no conocía este sentimiento dulce y delicado. En los textos más antiguos de la Biblia a Dios se le atribuyen sólo fuertes pasiones: se arrepiente, se indigna, se apesadumbra cf. (Gn 6,6-7), cultiva la inquebrantable lealtad del señor feudal hacia su vasallo, pero no el amor, así se entiende que, presa del terror, los israelitas suplicaran a Moisés: “Háblanos tú y te escucharemos; que no nos hable Dios que moriremos” (Ex 20,19).


30 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

¿Qué quieres que haga por ti?
P. Fernando Armellini
Marcos 10,46-52

Introducción
Homero veía, pero se le representa ciego. Era el símbolo de los hombres inspirados, de los que, al penetrar en las verdades profundas, ocultas al común de los mortales, tienen que cerrar los ojos a la realidad de este mundo. En la antigua Grecia, incluso los magos, los adivinos, los rapsodas eran considerados ciegos: tenían que abstraerse de las apariencias engañosas, ignorar las vanaglorias terrenas, para captar la luz y los pensamientos de los dioses.

28 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Deja los bienes y obtendrás el Bien
P. Fernando Armellini


Introducción
            Elegido como árbitro de la competición musical entre la flauta de Pan y la lira de Apolo, el rey Midas había atribuido la victoria a la primera. Sólo un tonto, uno con la sensibilidad musical de un asno podría dar un juicio tan desquiciado. Le crecieron orejas de burro y se convirtió en símbolo del hombre descerebrado.